Emiliano Buendía, energía e hiperactividad

Comparte esta historia:

Facebook
LinkedIn
Twitter
Pinterest
Email
WhatsApp

«Siempre he llevado conmigo la gambeta. Ser atrevido, intentar ser desequilibrante. Con esas características intento ser feliz. Marcando la diferencia disfruto dentro de la cancha».

Emiliano Buendía, en declaraciones para Play Fútbol, en noviembre de 2020.

Partió a los once años de su patria para, confiando en su fresco surgimiento, triunfar en una nueva tierra. Entendió el fútbol como una esperanza, como una vía para encontrar el éxito. Su talento y liderazgo ofensivo lo delataron toda la campaña; Emiliano Buendía no era jugador de segunda división. No porque se desmerezca el Championship, que de hecho es una de las ligas más competitivas de Europa, sino porque el nivel individual del futbolista exigía el salto a una liga en la que los grandes clubes —y jugadores— se codeasen. Una puerta que se abre para uno de los hombres que más encaja en el universo Premier League y que mejor le hace pasar el tiempo al espectador neutral.

Galopando de la derecha hacia el centro, desparramando rivales por el camino y dejando detalles técnicos de una calidad acrisolada ante férreas defensas, la figura del argentino es perseguida por los ojos de los hinchas como si fuese un hipnotizador. Un hechizante primer contacto con la pelota, una imaginación y capacidad inventiva que evocan al clásico talentoso de su país, a la vez de una sagacidad para preparar la gambeta y para con perspicacia encontrar espacios entre una superficie poblada de piernas enemigas, ya sea para escabullirse entre ellas y huir triunfalmente como para filtrar un pase y anotarse una nueva asistencia. Una combinación entre fútbol clásico y de pausa en el angelical primer control con la inquietud y la energía que rozan la hiperactividad una vez considera que es el momento de acelerar e iniciar la carrera. Para el contrario, enfrentarse a él no solo representa marcar a un habilidoso que fabrica problemas entre líneas, también es el deber de deshacerse de un futbolista capaz de iniciar un torbellino en cualquier parcela del terreno y que goza de un dominio de balón agraciado con ambas piernas, de una monstruosa capacidad de confundir al contrario y de un remate deífico desde cualquier perfil.

Su aparición reciente en la lista de la selección argentina ha sorprendido al seguidor de la liga del país —tan poco acostumbrado (de manera lógica) a revisar campeonatos europeos como el Championship y tan poco conocedor de aquellos jugadores cuya trayectoria no ha tenido sus raíces en el torneo local— y ha llevado a que muchos pregunten interesadamente por su apellido. Buendía es, como a sus once años de edad cuando decidió partir hacia España, un ignoto en su tierra.

«Ver mi nombre en la lista es cumplir un sueño. Uno siempre trabaja para crecer y llegar lo más lejos posible, pero me agarró por sorpresa«.

Emiliano Buendía, sobre su convocatoria a la selección argentina.

A la relevante convocatoria de Lionel Scaloni se le sumó la confirmación de su meritorio fichaje por el Aston Villa. Una incorporación de peso significativo para la talentosa ofensiva del equipo de Dean Smith que ilusiona a los fanáticos neutrales del fútbol inglés, esperanzados en poder observar el siguiente curso combinaciones que prometen un fútbol capaz de contener una cautivadora y excéntrica mezcla entre seducción, elegancia y chispa protagonizada por Emiliano y un Jack Grealish que, por el momento, permanece en Birmingham. Sumando, además, al recién llegado las valiosas piezas de Ollie Watkins, Bertrand Traoré o Anwar El Ghazi, definitivamente el equipo incrementa su nivel atacante con respecto del del curso anterior, y tendrá sociedades de sobra para juntar a los buenos y desacatar cualquier plan adversario.

Imagen
Radar de la temporada de Emiliano Buendía en el Norwich City. Fuente: The Athletic.

Lo que parecía una sosiega estadía en el Norwich hace unas semanas se ha derrumbado y una avalancha de cambios lo ha revolucionado. De repente y sin hacer ruido, Buendía ha aceptado una oferta que altera su futuro y que demuestra que su carrera ha contado con la característica de preferir dar pequeños brincos que supongan de igual forma un gran reto antes que un enorme salto que pueda aturdir y desestabilizar su presente. Decisiones inteligentes, mesuradas y que manifiestan gran madurez.

Un largo junio en el que se desarrollará una Copa América en la que compartirá vestuario tanto con curtidos del universo fútbol como con jóvenes en su misma condición será crucial para sumar experiencias y continuar con la principal virtud de cualquier profesión, la del aprendizaje. Será, por fin, tiempo de que Emiliano Buendía actúe antagónicamente con respecto de lo que obra en el campo, con calma y quietud, entendiendo a su vez que lo que le ha sucedido en los últimos días ha sido, más bien, una representación plasmable de lo que realmente hace dentro de la cancha: de un manso primer control, se avecina un auténtico aluvión a la carrera desparramando obstáculos y con un único objetivo delante: la portería contraria… o algunos minutos en Brasil.

También lee: