Liverpool 1-2 Newcastle: sin miedo al éxito

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Hay dos maneras de afrontar un gran desafío: con miedo o con ilusión. Quizá, si eres el Newcastle y tu reto es derrotar al Liverpool en una final de la Copa de la Liga y, además, en la previa no paras de escuchar la cantinela de que varias generaciones de geordies no han visto ganar un título nacional (¡desde 1955!) al club de su ciudad, la coyuntura te puede sobrepasar. Sin embargo, el Newcastle, que hace 25 meses ya perdía esta misma final ante el Manchester United con el entrenador y hasta ocho jugadores repitiendo en Wembley, optó por potenciar el anhelo. Por creer que podía. Y de principio a fin, el equipo de Eddie Howe explotó sus cualidades, llevó a su terreno al conjunto de Arne Slot y acertó en las áreas lo suficiente como para levantar su primera Copa de la Liga.

Cinco días después de caer en Europa en una tanda de penaltis, el Liverpool podría estar recuperándose del golpe anímico cuando entrase en el césped de Wembley. Pudiendo existir tal bajón en las filas reds (imposible de medir, pero probable), los magpies entraron al encuentro con más coraje e intensidad que los líderes de la Premier. Sin embargo, como esto también ocurrió en su partido liguero de diciembre y por mucho que once scouser fuese el mismo del martes pasado (a excepción de Alisson bajo palos), no se debería de achacar todo a la eliminación en la Champions League y sí a la habilidad del Newcastle.

«Si conseguían un saque de meta o un tiro libre —que tuvieron bastantes en la primera parte— siempre lo llevaban a nuestra última línea, lo que provocó muchas jugadas a balón parado. El partido fue lento y sin intensidad (…) se desarrolló exactamente como ellos querían: una lucha con muchos duelos aéreos.»

Arne Slot

Los aciertos del Newcastle de Howe

El balón fue más tiempo del Liverpool, sobre todo en la segunda parte, pero nunca el dominio. Solo en el ocaso del encuentro, con el desgaste de energía lógico de las once urracas titulares (primer cambio en el 82′) y con casi todos los atacantes del banquillo de Slot en el campo, desfigurando el sistema en un todo por el todo, el Newcastle terminó por pasar más tiempo cerca de su propia área. Pero incómodo no terminó de estar porque el tanto de Chiesa llegó en el 94′ y los restantes, VAR mediante, se pasaron casi en las esquinas del Liverpool.

Incluso en ese duro momento de encajar el 1-2 en el descuento, el Newcastle fue valiente y no quiso encerrarse en el área propia. Al llegar al descanso, de hecho, el Liverpool apenas había sumado un disparo (0.26 xG). A partir de dos claves, sazonadas con un punto extra de activación en cada disputa, los blanquinegros impusieron sus condiciones: presión alta en los reinicios y juego directo. Y a partir de eso, sumaron hasta nueve disparos antes del descanso, varios saques de esquina y un gol producto de uno de ellos.

Empecemos hablando de la presión. Ante cada pelota para el Liverpool, los magpies se emparajeban en campo rival. La pareja de centrales tendría que vérselas con Isak (van Dijk) y con Barnes, el extremo izquierdo (Konaté), que saltaba tapando pase a lateral derecho (también con balón en movimiento). Ese salto de línea era compensado por Livramento, que acosaba a Quansah y escoraba a babor a Burn para acercarse a Salah. Por detrás de la pareja Isak-Barnes, otra modificación. Para controlar al doble pivote del Liverpool, a Guimarães (Mac Allister) le acompañaría Tonali (mediocentro) y no Joelinton (interior izquierdo en fase ofensiva). Así, Tonali, que sumó algunas recuperaciones en el último tercio, dejaba que fuese el brasileño quien se las viese con Szoboszlai, habitual jugador objetivo en caso de necesidad.

Al Liverpool, sin Alexander-Arnold ni Alisson, le costó demasiado atreverse a superar esa presión, salvo algún pase filtrado de Robertson fuera-dentro o alguna conducción a través de Van Dijk tras liberarle la marca a través del tercer hombre (Joelinton evitó el disparo franco de Luis Díaz en ese ataque). Acabó cayendo, por ende, en un juego directo que no terminó de beneficiarle. 7 de 21 pases largos acertó Kelleher. Un dato que Pope, el arquero neocastrense, no superó, pero que a los blanquinegros no le supuso tantos contratiempos. Sobre todo, porque con esa activación de la que se hablaba y una mejor colocación y predisposición de los medios y los extremos, las urracas llegaban a menudo antes a esas segundas jugadas. Y a partir de ahí, ataques directos, incursiones por las bandas o centros al área que fortaleciesen la idea de peligro.

La pareja de centrales Burn-Schär estuvo insuperable: 10/12 duelos aéreos ganados y 25 acciones defensivas completadas. Burn, además, anotó el primer tanto del encuentro después de casi asistir a Guimarães en otro saque de esquina.

Mientras el Liverpool no era capaz de hilar pases que le permitiese superar la espalda del bloque alto, ni tampoco establecerse en campo rival de forma continua para así encerrar al rival; al Newcastle le servía aquel escenario de interrupciones, presiones altas y envites por el aire. Si no ganan el duelo aéreo (algo que con van Dijk o Konaté puede pasar), sí se ganaba la segunda acción. Y sino, vuelta a presionar. Además de los golpeos largos de Schär, Livramento aprovechaba la puerta abierta que deja Salah en fase defensiva para conducir libre pues Szoboszlai, en persecución, no llegaba a cerrar.

Las -pocas- veces que el Liverpool sí llegaba a campo rival con el balón jugado, el Newcastle cerraba muy bien el carril central con la pareja de centrales y los tres medios en línea (imagen inferior). El tridente de centrocampistas Joelinton-Torreira-Guimarães no solo ofreció una clase maestra tapando línea de pases, sino que apenas sumaron errores con balón. También los extremos, más pendientes de seguir las incursiones de los laterales rivales que trivote, provocaban la igualdad numérica en las bandas. 4-5-1 podía también transformarse en 5+4+1 con Murphy a la derecha del lateral Trippier en momentos de bloque bajo.

Entre el juego previsible de Gravenberch, el poco acierto de Mac Allister y que del cuarteto ofensivo solo dejó destellos Luis Díaz, ante un también acertado Trippier, los ataques del Liverpool fueron romos. En la segunda parte, únicamente Taylor (entró por el central Konaté en el 56′, retrasando a Gravenberch como zaguero) y Elliott (74′) pudieron darle cierto dinamismo a los ataques interiores reds. Será interesante ver si después del parón ambos siguen en el banquillo…

Para entonces, el Liverpool ya iba 0-2 abajo. Ambos goles fueron un resumen de lo producido en ataque por Newcastle. El primero llegó gracias al balón parado. Un saque de puerta del Liverpool en largo acaba en una falta a favor del Newcastle en medio del campo. Esa falta, colgada al área y despejada por van Dijk, es ganada en segunda acción por Barnes que culmina rápido con un disparo que acaba en córner. Y en ese córner botado por Trippier, como ya había hecho con acierto en otras ocasiones, acaba en un cabezazo fortísimo de Dan Burn. Es cierto que Mac Allister, su marca, cuenta con 20 cm de inferioridad, pero la distancia a portería contrasta con la inapelabilidad del remate. Aunque no había sido el primer remate del central inglés, pues Bruno casi había aprovechado un par de «dejadas» en sendos córneres.

«Trabajamos consistentemente durante dos semanas las acciones a balón parado; si nos hubieras visto en la práctica habrías dicho que no teníamos ninguna posibilidad. No podíamos creer que Dan Burn marcase: ¡no entrenaba así! Fue un coloso».

Eddie Howe

El segundo, poco después de la reanudación (habiéndose anulado otro tanto por fuera de juego en otro córner con Joelinton como conexión entre Trippier y Burn) procede de otra transición ofensiva por la banda izquierda. Otra conducción de Livramento, al que Salah no persigue. A la pared con Barnes le sigue un centro pasado del lateral izquierdo (pero diestro) que Murphy en el segundo palo coloca de cabeza hacia el punto de penalti. El remate de primeras, con la zurda y casi a bote pronto es el reflejo del estado de forma esta temporada de Isak, que sin llegar a jugar un gran partido, ha dejado ya su apellido en la historia de las urracas.

Desde entonces, llegó el carrusel de cambios de Slot, apostando por el lógico atrevimiento. Ya se había querido asentar en 3+2+5 con Robertson más alto de forma continuada desde primeros pases, y no como hasta el descanso donde desde el 4+2+4 con balón en la línea central, se sumaba un lateral o mediocentro a la última línea. Pero empezó a añadir figuras ofensivas, restando defensivas. Aparte de Núñez por Jota, colocó a Gravenberch como central para situar a Jones como tercer medio. Luego, quitó a Mac Allister e ingresó Gakpo. Con el neerlandés en la banda izquierda, Luis Díaz centró su posición Taylor se retrasó como mediocentro único.

La última vuelta de tuerca fue dar entrada al también refrescante Elliott (cambiando al «interior derecho» Luis Díaz) y a Chiesa (gol, pero poco más) como segundo delantero. Aunque se le sumaría Van Dijk en los últimos minutos (2-1-7 por momentos) y el Newcastle pasó más tiempo en bloque bajo (5-4-1) en los últimos 20 minutos, Pope no necesitó de grandes paradas en ese tramo. Ya la había hecho en el 59′ con una gran mano a una acción que nace y finaliza en las botas de Taylor.

Ni siquiera tras el 1-2 (94′) de Chiesa, a pase de Elliott, cuando el Liverpool castigó una pérdida en un intento de contraataque (fueron pocos los errores de Guimarães o Joelinton aunque alguno hubo). Antes y también después del 1-2, y se llegó hasta el 100′, el Newcastle renunció a tratar de lanzar contras y, quizás más importante, a aprovechar llegar hasta campo rival para presionar esos primeros pases. E incluso tuvieron la capacidad de marcharse a las esquinas para esconder el balón. Con toda justicia, las urracas de Howe evitaron la prórroga y aseguró un título histórico.

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Rafa Medel
Rafa Medel es entrenador (UEFA A) y Periodista. Autor de "Fútbol en Blanco y Negro" (Librofutbol, 2022), trilogía que repasa la primera centuria de este maravilloso deporte.

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