Cuando Konstantinos Karetsas se sentó en el césped del Estadio de la Cerámica, sonaron todas las alarmas. Fue a primeros de septiembre y el Borussia Dortmund estaba debutando en la Champions League en casa del Villarreal. Un puñado de días después de la grave lesión cruzado de Giannis Konstantelias, otro griego fichado por el BVB este verano, la dolencia de Karetsas se aventuraba diferente; incluso más grave. No había sufrido ningún golpe ni torsión y acababa de entregar un rutinario pase hacia atrás, pero el internacional griego no podía mantenerse en pie.
Qué le pasa se preguntó todo el mundo, mientras el adolescente de 18 años se marchaba sustituido en camilla. ¿Era un vahído o algo más grave? ¿Un problema cardiaco? ¿Está en peligro su carrera o algo más importante?
Por suerte para todos, todo quedó en un susto. Los «problemas circulatorios» se explicaron por una deshidratación severa y los siguientes días en observación descartaron cualquier patología o enfermedad crónica. Karetsas, el Borussia (que este verano ha desembolsado 30 millones de euros por su traspaso) y la propia selección griega podían exhalar la angustia y el miedo a perder a uno de los talentos que pueden marcar el fútbol europeo de los próximos lustros.
Porque pocos dudan ya de que Konstantinos Karetsas, Kos como le suelen llamar sus allegados, es uno de los especiales. Un «genio», como lo llamó Nicky Hayen, uno de sus entrenadores en el Genk. Otro «juvenil» que no se conforma con debutar temprano, sino que destaca y se asienta en la élite antes de ser mayor de edad.
Nacido en 2007, apenas cumplirá los 19 el próximo mes de noviembre, cuando ya está camino a su tercer año desde su debut como profesional en la Jupiler Pro League belga. Tenía 16 años y ocho meses y completaba así una etapa formativa vinculada de forma constante al KRC Genk, salvo por un par de cursos cuando ingresó en la academia del Anderlecht capitalino.

Ya en marzo de 2025, con 17 años, cuatro meses y un día, debutaba con la absoluta griega. Hay que aplaudir a Grecia por su rapidez para citar al zurdo del Genk y que se enfundase la camiseta de la Ethniki. No hace falta ser un experto antroponímico para averiguar de dónde procede su nombre y apellido, pero la realidad es que Kos es belga de cuarta generación.
Fue el bisabuelo, Vaios, quien llegó a suelo belga en los años 70. Con Grecia transitando por aquel entonces por el severo periodo ultranacionalista de la Dictadura de los Coroneles y con la ciudad flamenca prosperando gracias a las también duras minas de carbón, Vaios y su pequeño hijo Konstantinos (el abuelo de Kos) se establecieron en Genk.
También es justo confesar que Grecia lo tuvo sencillo porque los Karetsas nunca olvidaron sus raíces. Fue el abuelo Konstantinos, futbolero y quien también trabajó en las minas antes de que estas echaran la persiana, uno de los causantes de que primero su hijo (Vaios) y sus nietos (Kos y el pequeño Giorgios, que también juega en las categorías inferiores del Genk) mantuvieran viva la llama del cariño tanto por Grecia, como por el PAOK Salónica, el club más laureado del norte del país heleno, de donde proceden los Karetsas. Por mucho que Eirini y el resto de la familia materna, también del norte de Grecia, prefiriesen el verde del Panathinaikos.
Pero donde no había conflicto es la selección a la que apoyar, aunque en los últimos torneos no haya estado presente. Aunque Kos creció en Genk y fue llamado por las categorías inferiores de Bélgica (desde la sub 15 hasta la sub 21), se decantó pronto por el origen de su estirpe.
«Cada vez que jugué para Bélgica me sentí honrado —argumentó al poco de debutar con la Ethniki— pero siempre tuve una sensación extraña porque sabía que me sentía más griego. Así que mi decisión fue sincera. Amo Grecia, viajo allí todos los años. Estoy muy agradecido por todo lo que Bélgica hizo, pero cuando se trata de la selección nacional, creo que uno debe elegir con el corazón».
Un centenar de partidos después entre la selección y el RKC Genk, con actuaciones destacadas también a nivel continental en la pasada Europa League (cinco asistencias en el camino hasta cuartos de los pitufos), aterrizó en la potente Bundesliga este pasado verano. El ciclo en la liga belga estaba finiquitado. Como ya no es un desconocido, este artículo no trata tanto en saber quién es, sino en explicar cómo este menudo y liviano atacante, que según las fuentes su altura oscila entre el 1,71m y el 1,73m y su peso entre los 65-68 kg, se ha hecho con un puesto de titular en un aspirante a la Bundesliga desde sus primeros pasos en Westfalia.

Atacante zurdo, con preferencia por los sectores derechos del campo, Karetsas ha venido jugando en el costado derecho del 4-4-2 del seleccionador Ivan Jovanović así como de interior derecho en el 3-4-2-1 de Niko Kovać en Dortmund. Esa zona le ayuda a que pueda explotar mejor el envío o la conducción desde fuera a dentro. Pero por condiciones físicas, tácticas y técnicas, es otro ejemplo de mediapunta que explota en la época inadecuada para el 10 clásico y que ha de reinventarse como interior o jugador de banda.
De momento, es un perfil más Arda Güler que Lennart Karl. Más trequartista que extremo. Habrá que esperar para saber por dónde desarrolla su carrera. Para ser medio carece de cierta presencia a nivel defensivo, implicación que parece estar mejorando aunque sigue mostrándose demasiado contemplativo cuando el balón no está cerca de su radio de acción. Sí suma robos y alguna presión, pero tampoco es el más intenso en repliegues ni constante en la fase defensiva.
Pero por otro lado, está muy lejos de despuntar a nivel goleador como para ser un referente en un club de primera línea. Al menos, de momento. Tampoco su zona de influencia es dentro del área, algo que seguro que facilitaría que su cuota goleadora se disparase; pues el problema no es de finura o precisión (también desde media distancia), sino de fuerza asociada a los esfuerzos que ha de realizar previamente a su golpeo. Si su golpeo viene precedido de una acción prolongada, es más posible que quede corto o debilitado. Una mejora bien dirigida en la masa muscular le debería ayudar a aumentar su potencia en el golpeo en acciones prolongadas.

Lo positivo es que su caja de herramientas ya le permite destacar de forma regular, pero no es el punto de referencia en Dortmund o Grecia. Tampoco está en ese momento de la carrera, ni tampoco lo necesitan ambos equipos. Lo positivo es que sí se le aventura esa capacidad futura de comandar un ataque. De momento, si bien no ha sido del todo decisivo en el último cuarto, aunque acaba por producir asistencias (a balón parado o en acción de juego) y también, los mediáticos «key passes», sí que tiene impacto positivo en la fase ofensiva de su equipo. Es un facilitador nato para progresar hasta campo contrario.
Por un lado, localiza muy bien los pasillos que muestra el rival. Sumado al escaneo constante y al perfilamiento, pero sobre todo a su especial capacidad para orientar controles y girar, incluso en recepciones a espaldas corriendo en contra del sentido del pase, le permiten a menudo eludir persecuciones. Acaba por recibir suficientes veces detrás de los medios rivales, pues tampoco se muestra ansioso para buscar recibir, ni se acerca casi hasta «robar» a sus propios compañeros el balón. Así, la mayoría de sus apoyos son superación, ya sea por carriles interiores o exteriores.
Que sea un zurdo que no solo se atreva, sino que sea efectivo con la derecha tanto en controles como en pases, le permite dominar o intentar más tipos de orientaciones y soluciones. Por ahora, se le ven tantos envíos con el pie derecho como con el exterior del izquierdo. Su bajo centro de gravedad lo complementa con velocidad gestual con ambos pies y explota bien los amagos (simulaciones de gestos técnicos) y, sobre todo, fintas (movimientos corporales), tanto previos a la recepción como con el balón en disposición.
También es capaz de jugar con el tempo de la acción, ralentizar la jugada para atraer y, en ciertas ocasiones, consigue salir indemne de desventajas numéricas. Sobresalen también su clarividencia e imaginación en el pase al espacio, precisar dónde estará el compañeros en carrera, así como encontrar al alejado. De todos modos, si bien tiene habilidad para driblar, lo realiza más para eludir o esconder, más que para progresar de forma muy continuada. Le viene faltando energía para realizar un eslalon largo o para aguantar ciertos duelos. No es falta de velocidad, sino fuerza- resistencia.
Por eso, suele combinar el regate exitoso con una asociación rápida. A todo ello hay que añadirle una buena continuación y lectura de la jugada cuando no es el poseedor. Se reconoce como hombre libre o futuro receptor, así como explotar el «toco y me voy», mostrando una solución cercana al compañero poseedor.
Su toma de decisión, escoger entre la acción sencilla y optar por una más complicada, de mayor riesgo/beneficio, sí que atesora un buen equilibrio para rondar los 19 años, aunque, como explicaba en agosto su antiguo entrenador en el Genk Thorsten Fink con margen de mejora: «Está claramente hecho para el fútbol de posesión. En un equipo que enfatiza la posesión del balón, será muy fuerte porque puede dar el último pase, tiene una gran capacidad de tiro, un regate excelente y es muy creativo. En términos de habilidad futbolística pura, ya es muy bueno. Pero en términos de cuándo pasar, cuándo arriesgarse y cuándo jugar simple, ciertamente aún puede mejorar».
Karetsas: «No puedes ser un robot. Cuando tengas un uno contra uno, enfréntate a tu rival, dispara, da una asistencia, centra. Haz una pared. Para mí, eso es fútbol bonito».
Sin embargo, leyéndole, parece evidente que arriesgar irá con su forma de jugar: «Mi padre siempre me animó a regatear, porque sabía que esos son los jugadores más especiales, los creativos, y sabía que yo tenía ese talento. Veía videos de las grandes estrellas: Messi, Ronaldinho, Neymar, el brasileño Ronaldo, y luego salía a la calle a intentar ser yo mismo. Perder el balón era un miedo que tuve que superar. Muchos entrenadores juveniles me decían que dejara de regatear, que pasara el balón, pero mi padre me decía: «Nunca pares». Y así fue. Sabes, no tengo miedo de hacer algo en el campo. Si falla tres veces, y luego tu equipo marca una vez, nadie se acordará de las tres veces. Podría ser un punto de inflexión en el partido».
Jugar sin miedo le ha permitido llegar tan rápido a la élite. Eso sí, aunque compita con los adultos, sigue en proceso madurativo (físico aparte) y cuenta con muchos cursos por delante para pulir defectos, ser más decisivo, elegir mejor el cuándo y dónde… En definitiva, tener más experiencia.
Dentro de que tendrá partidos más regulares (como ante el Hoffenheim, se adjunta vídeo con todas sus acciones) o más destacados (como ante Alemania en el último parón FIFA), seguro que Karetsas será ya desde este año un habitual de las noches de Champions League y uno de los artífices junto a una buena camada de que Grecia vuelva a un gran torneo. Por ahora, solo hemos visto las primeras pinceladas del belgo-griego. En Dortmund se irá puliendo la última veta sacada por la saga Karetsas.


