Salir vencedor de una eliminatoria ante un candidato siempre refuerza. No importa que la conclusión llegue desde los once metros. Si además te reconoces como superior en la mayor parte de la misma, el impacto positivo en el ambiente del vestuario, en la idea de juego y en el trabajo que realizas semanalmente se multiplica.
Probablemente en Anfield, el Liverpool no mereció perder. Pero no con tanta evidencia como el PSG hace una semana. En otro deporte, el pase hubiera sido para los franceses. Tanto a orillas del Sena como del Mersey, la posesión final y los xGoals fueron para los franceses.
Pero en fútbol la única estadística relevante es la de goles marcados. Y en caso de igualdad después de 180 minutos, una norma ya cincuentenaria dicta que todo se arregle desde el punto de castigo. Hace una semana, el héroe estaba bajo los palos de los ingleses. Hoy fue el cancerbero de los franceses quien cogió la capa para volar. Donnarumma paró dos clausurando una eliminatoria para el recuerdo en el que, casi siempre, el acierto estuvo en los de atrás.
«Demostramos que somos un equipo de verdad. No pudimos hacer siempre nuestro juego, pero sí ocasiones. Cualquiera que hubiera pasado, habría sido merecedor, pero con nuestra mentalidad, personalidad y, sobre todo, con Donnarumma, pudimos ganar este partido.»
Luis Enrique
Los onces fueron los mismos que en el Parc des Princes, pero desde el primer segundo se vio que no eran los mismos. El Liverpool se presentó como lo que es: un grande. El PSG entendió el significado del «This is Anfield» y buscó, sin mucho éxito al principio, capear el temporal. Presión asfixiante y un par de ocasiones rotundas de Salah que hicieron resoplar de alivio a los parisinos, pero el fútbol (o la vida) tiene estas cosas. La energía cósmica tiende a equilibrar los deajustes. Y si el PSG había desaprovechado las mil y una ocasiones en la ida, en la vuelta, fue a equilibrar la eliminatoria casi con un autogol en la primera vez que había podido echar a correr. En cierto modo, el propio juego enmendaba el error de la ida en cosa de diez minutos.

El paso adelante de Slot
El Liverpool dibujaba un 4+2+4 sin balón, pero más arriba que en la ida. Y fue efectiva, sobre todo, la presión tras pérdida de los reds y en los reinicios al principio del partido. Parecía que era el Liverpool, que buscaba ensuciar los primeros pases galos, quien tenía que remontar.
La idea era la siguiente: mientras Mac Allister (Neves), Gravenberch (Fabián) y Szoboszlai (Vitinha) tenían más referenciados sus pares, Jota (que partía a la altura de Szoboszlai para echar una mano al húngaro) y los dos extremos buscaban hacerse con los cuatro defensas y el portero. Y al principio lo consiguieron. Con los extremos priorizando tapar el pase entre central-lateral, para después acosar al central del lado débil. El central con balón o incluso el portero sería para Jota o para el extremo que continuase la carrera hacia dentro. Y si eso el balón viajaba de banda a banda, Alexander-Arnold y Robertson también podían estar cerca para acosar a los laterales.
Igualmente, las primeras ocasiones llegaron en momentos en los que el PSG buscaba alejarse de su frontal, pero sin poder presionar bien. La primera, en el 4′, una acción de gol que evita la rodilla de Nuno, empieza con un pase al espacio de Van Dijk a la espalda de la zaga para que Szoboszlai y Mac Allister sirvan al egipcio. La segunda, un ataque rápido reiniciado desde Alisson (Kvaratskhelia había intentado profundizar), con Salah marchándose de Nuno en una de las pocas veces que el egipcio pudo marcharse del portugués. La tercera fue un remate de Van Dijk en un córner.
El PSG sufría. Tanto fue así, que desde bien temprano, Vitinha dejó de aparecer en área pequeña en los saques de puerta y Donnarumma directamente golpeaba en largo. Si en la ida, únicamente jugó en largo 2 veces, en Anfield llegó hasta los 23 envíos largos. Sin éxito en las recepciones directas (4/23), pero evitando al PSG la asfixia a la que estaba siendo sometido. Al menos, alguna segunda acción se podía ganar, pero la incomodidad parisina se notaba.
Sin embargo, en una de las primeras veces que su presión forzó el error inglés y la primera vez que consiguió saltar la presión red, el PSG hizo el único gol del encuentro.
Todo había partido de un saque de puerta del PSG que culmina en un saque de banda para el Liverpool. Lo positivo para quienes acaban de rifar otra vez el balón es que sí pueden estar preparados para presionar. Así, consiguen hacer retroceder al Liverpool hasta van Dijk. El central neerlandés, acosado por Barcola y muy abierto en la izquierda (importante), golpea en largo. Llegado a los dominios de Marquinhos, en pocos pases (Fabián haciendo el tercer hombre para combinar con Pacho) la pelota viaja a la izquierda.
Salah encima a Mendes, mientras el resto de compañeros tapan a cercanos y lejanos. Sin embargo, el lateral portugués, dubitativo al principio pero ganador a lo largo del duelo personal con Salah, se va a inventar un pase que permitirá aprovechar cada uno de los movimientos de sus compañeros que consiguen que Dembélé reciba solo (imagen inferior). Con Fabián (esta vez con Mac Allister) de mediocentro, Neves (y Gravenberch) en el lado débil, el apoyo en corto de Kvaratskhelia (arrastrando consigo a Alexander-Arnold) y el doble premio del desmarque de Vitinha hacia ese hueco dejado por el georgiano (no solo se llevaba a Szoboszlai, sino que atraía la atención de Konaté), Dembélé pudo recibir y girar totalmente solo.

Ni Konaté, que entendió que el pase de Nuno iría hacia Vitinha, ni van Dijk (se recuerda que venía de una posición muy escorada en la izquierda) estaban cerca para saltar sobre el anoche delantero centro parisino. Después, a Dembélé no le costó mucho trabajo abrir a Barcola. Y mucho menos le costó aprovechar el regalo en forma de despeje-regate de Konaté a Alisson. Queriendo evitar el remate de Dembélé, Konaté acabó por regatear a su portero en un mal contacto con el exterior. Se podría intentar explicar por qué el PSG, que había generado suficiente en la ida, sí marcó en la primera de forma tan ridículo, pero no merece la pena desentrañar el secreto de este maravilloso deporte.
«Fue increíble lo que demostramos en los primeros 25′, pero perdíamos 1-0. Hoy no creo que mereciésemos perder; en los 180, quizás sí merecíamos ir a la prórroga. En el tiempo extra, el PSG fue un poco mejor que nosotros.»
Arne Slot
El PSG también tiene argumentos defensivos
A partir de ahí, el encuentro se fue equilibrando. Ambos se incordiaban cuando estaban en bloque alto, pero también tenían problemas ante últimos defensores donde los Nuno Mendes, Pacho, Van Djik, Konaté y los porteros solían imponerse. En el primer tiempo, los de rojo solo hicieron daño cuando encontraron la espalda de la defensa con envíos profundos, mientras que en la segunda lo hicieron a balón parado (el paradón de Donnarumma a Luis Díaz y el cabezazo al palo de Quansah) y progresando por la izquierda: Luis Díaz fue el mejor de los atacantes. El buen nivel de Mac Allister y Szoboszlai, más la adición de Alexander-Arnold (hasta su lesión), que intercambiaba alturas con Gravenberch y acercaba su golpeo al área rival, permitió al Liverpool acercarse de nuevo al comienzo de la reanudación. Faltó más acierto final en Díaz, Jota o Salah. O menos acierto en la retaguardia francesa.
Los de azul, en cambio, dañaban más cuando habían podido correr. Ya fuese a la contra o saliendo de presión. Dembélé (que siguió presentado dificultades a Konaté y van Dijk con sus recepciones entre líneas), Barcola (más desconectado) y Kvaratskhelia (importante tanto atacando como defendiendo y fijado en la banda izquierda) dispusieron de buenas ocasiones para deshacer la igualada en el global antes del asueto. Pero en la segunda parte, no fue hasta el 87′ cuando lo intentó Kvara por vez primera.
En la reanudación, la realidad es que los de Arne Slot pisaron más veces el área rival, aunque la posesión, durante varios tramos, se había igualado. Entre la línea de tres de Luis Enrique (Mendes, Pacho, Marquinhos) más Vitinha (103/111 pases completados), y los movimientos por delante de Neves, Fabián y Achraf (interiorizando su posición, pero menos fiable que el resto) y Dembélé, el PSG sumaba pase tras pase que no dañaba pero sí calmaba a la fiera. Encima, con Doué por Barcola, además, Luis Enrique había añadido desborde, inspiración y un jugador conectado al encuentro.
Con el paso de los minutos se hizo evidente que todo se convertía en supervivencia. Por lo que había en juego y por escasez de energías. Marquinhos (Beraldo) pidió el cambio en el descuento. Alexander Arnold (Quansah) ya se había marchado 20 minutos antes por una lesión en la rodilla. Curtis Jones y Zaïre-Emery licenciaron a MacAllister y Fabián al empezar la prórroga. También en el tiempo extra entraron Kang-In Lee (Kvaratskhelia), Gakpo (Luis Díaz), Elliott (Szoboszlai) y hasta Endō, que actúo como central por Konaté, también acalambrado.
Los cambios y le desgaste repercutieron más en el Liverpool, que ya no presionaba tan arriba los reinicios. El PSG se hizo dueño del esférico (más del 65% en la prórroga) y de las ocasiones que se vieron en los 30′ añadidos.
Para cuando la tanda de penaltis comenzó, Alisson ya había calentado lo suficiente. Y la Champions League había ganado una eliminatoria histórica más. El vencedor, guantes de Donnarumma mediante, fue el Paris Saint-Germain. Un paso de gigante para el conjunto de Dembélé, Vitinha, Neves, Marquinhos, Pacho, Mendes, Achraf, Kvaratskhelia, Fabián, Doué o el propio arquero italiano… pero, sobre todo, para el grupo que lidera Luis Enrique. Los parisiens se han ganado el derecho a soñar.
